domingo, 28 de junio de 2009

El Auto




Cuando naciste teníamos un Renault 12. Comprar ese viejo auto fue una elección de Alf, yo quería dentro de las posibilidades un 147 o un Uno, me parecían mas modernos y finos, jaja, pero Alf insistía con eso de las cuatro puertas y que teníamos que hacer entrar el carrito, al perro, y no sé a quién más. Siempre le gustó esos autos tipo gallineros.
Al final aflojé para ver cómo seguía esta historia, total yo estaba muy ocupada para tonterías.
Estando embarazada viajamos varias veces a Buenos Aires, lo que no quiere decir que llegáramos en todas las oportunidades!!!
En el primer viaje tardamos ocho horas en llegar, te recuerdo que el viaje es de cuatro horas, son 404 km. Y todo porque el velocímetro no andaba y por lo tanto no se podía leer a qué velocidad íbamos. A Alf la ventanilla abierta y el viento golpeándole la cara le hacía dar la impresión que iba a mucha velocidad y por supuesto no era así. Yo se lo decía, “Vamos a 80 o menos” y ella decía “Imposible si voy a salir volando”. Yo no sabía cómo explicarle a mi papá que me mandaba cientos de mensajitos de texto preguntando por qué tardábamos tanto y por dónde andábamos, sin herir la susceptibilidad de Alf. Llegamos muy bien y muy felices, aunque agotadas.

Otra vez estábamos mal estacionadas en una salida de garage, cuando de repente el dueño de la empresa quiso salir con su camioneta 4x4 enorme, lustrosa, impecable. Y ahí estába Alf empecinada, queriendo hacer arrancar su carro (no en un sentido americano sino sudamericano) y nada, prrr,prrr.prrrr, chuik,chui nada, no arrancaba, y yo arriba a su lado con mi panza mirando la escena. Cuando finalmente ya habían pasado unos largos minutos el amigo arranca y nos corrimos. Por supuesto que el hombre bajó la ventanilla y nos gritó mientras se iba a toda marcha: “Si soy vos le prendo fuego nena!!!!”
Alf quiso contestarle, estaba furiosa, toda colorada, intentó bajar la ventanilla para responderle, pero la ventanilla del conductor tenía un pequeño problema de roldana o qué sé yo!, no bajaba girando la palanquita como todas, "era digital", tenías que ponerle los diez dígitos contra el vidrio y deslizarla hacia abajo, tardabas un tiempito, para ello el tipo ya había llegado a Miramar. Yo me mataba de risa y le pedía que se calme que lo dejara ir con su locura, le dije: yo te hubiera gritado lo mismo. Nosotras terminamos a las carcajadas y volvimos a casa.
Los mas curioso fue que tiempo después a Alf se le cruza un coche mas viejo que el nuestro y cuando lo esquiva -porque iba muy despacito- Alf asoma la cabeza por la ventanilla y le grita: “Yo que vos lo quemo nene…compráte una moto!!!” y salió por supuesto a los piques. Yo me quedé mirándola…

El auto no sólo andaba cuando quería, sino que tenía toda la chapa picada, el paragolpe agarrado con cables, no tenía un color parejo, era tricolor: originalmente celeste, en otros partes negro y en muchas color óxido. Era de lo más anti-estético, pero en el fondo lo queríamos, se portó muy bien cuando naciste, jeje. Por supuesto Alf pretendía comprarle con el tiempo cada uno de los repuestos y arreglarle lo que para ella eran sólo detalles, pero mientras tanto… un día lo estacionamos en pleno centro entre dos autos importados. Cuando el tipo de adelante quiso salir le tocó el paragolpe al nuestro, Alf estaba cerca y lo vió. Salió disparada gritándole al hombre: “Me lo vas a rayar, me lo vas a rayar!!!!” yo para mis adentros pensaba: “podrá alguien rayarlo aún más???”
Recuerdo que a mí se me hacía difícil estacionar, yo quería un auto más chiquitito. Tanto protesté que al tiempo lo cambiamos y dejamos la famosa “Restauración” en manos de algún fanático de los fierros, nosotros decididamente no lo éramos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario